La libertad de expresión
En la lógica del Gobierno, la aprobación final del proyecto será un triunfo suyo frente a quienes considera como uno de sus más enconados y peligrosos rivales, al que se ha encargado de golpear sistemáticamente para hacerle perder una credibilidad ganada en el tiempo. ¿Qué sentido puede tener, sin embargo, un triunfo que se levanta sobre el debilitamiento de la libertad de expresión? En buena medida, el daño del Gobierno a los medios ya está hecho, pero su campaña ha golpeado a la vigencia y credibilidad de la misma libertad de expresión.
Durante un mes entero, en esa campaña infame, el Régimen ha asociado permanentemente la defensa de la libertad de expresión con la corrupción, el robo y la agresión. ¿Cómo seguir creyendo en la libertad de expresión? ¿Dónde se la puede ejercer de modo auténtico? ¿A través de los medios incautados y hoy en manos de Alianza País? Pero esos medios se han convertido en espacios de propaganda oficial en donde la libertad de expresión se encuentra atada a la protección y defensa del Gobierno.
12 julio 2010
Se ha contaminado y distorsionado tanto el debate que hoy la libertad de expresión no tiene espacios precisos para su ejercicio y credibilidad, a la vez que su defensa se convierte en una defensa de medios corruptos. ¿A través de qué espacios podemos ejercerla? La postura del Régimen en este tema, como en muchos, se orienta más por la destrucción que por el mejoramiento: no se ha discutido con seriedad cómo ejercen los medios la libertad de expresión, los límites de ese ejercicio, y cómo mejorar. Se ha optado por el atajo político de convertirlos en enemigos de la revolución ciudadana, del cambio y de arrogarse una legitimidad democrática que no tienen.
El Gobierno ha cuestionado uno de los espacios a través de los cuales las sociedades democráticas ejercen la libertad de expresión. Insistimos en la pregunta: ¿qué otros espacios quedan? ¿Se puede pedir, a estas alturas, moderación y ecuanimidad frente a la Ley de Comunicación? ¿Se puede pedir mayor dosis de apertura para zanjar las diferencias entre el oficialismo y la oposición de tal manera de aprobar una Ley con un mínimo consenso? ¿No es ese objetivo simple y de sentido común el que le conviene a todo el país¿ ¿Por qué empecinarse en que las cosas vayan siempre por el camino de lucha y la confrontación falsamente democráticas?

